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Una estrella de oriente

Dada la situación tan complicada en la que nos encontramos y, viendo las predicciones tan negativas con la que nos machacan cada día los medios de comunicación (que dicho sea de paso, en vez de animar, lo que hacen es deprimirte más aún si cabe), voy a intentar ponerle un toque “navideño” al post y, por qué no decirlo, de optimismo. Y no porque las fechas lo requieran, sino porque creo que es como lo deberíamos de sentir todos.
Hace muchos años, unos Reyes procedentes de diferentes países del lejano oriente, se unieron con el propósito de conocer y presentar sus respetos a un niño que había nacido en Belén de Judea y, del cual no conocían mucho pero, como astrónomos que eran, tenían la intuición de que, con el tiempo, daría mucho de qué hablar. Lo realmente importante para mí de ésta historia, que ya de sobras conocemos, no se encuentra en la adoración al niño, sino más bien, en cómo llegaron a Judea tras perderse siendo guiados por una simple estrella que les acompaño durante 13 días de camino.


Haciendo un símil de la historia, al ámbito empresarial, diría que más que nunca para poder salir del atolladero actual, necesitamos:

  • De Reyes, o en el caso de las empresas, de trabajadores, eso si, ninguno magos, pero de alta autoestima, determinación, compromiso y formación. Del personal más importante de una compañía (de ahí que sean reyes), el cual, en época de crisis colaboran y unen sinergias, como hicieron los 3 magos de oriente. Éste equipo, no destruye, sino que construye con el propósito de conseguir un mismo objetivo como grupo: ganar todos.
  • De una estrella, de un faro que nos guíe; en definitiva, de empresarios que nos indiquen hacia dónde debemos ir, sin desviarnos, acompañándonos durante todo el trayecto. De un buen líder que nos lleve “a puerto” por esa famosa “travesía en el desierto” que nos contaba Pilar Jericó en su libro “Héroes Cotidianos”. También necesitamos de más y nuevos emprendedores, que tengan alta capacidad de gestión, que cambien los modelos de liderazgo actuales y que apuesten por el desarrollo de las personas en una compañía.
  • De un niño, por supuesto. Necesitamos en lo que creer. Necesitamos de un proyecto. De proyectos diferentes, con altas dosis de innovación y creatividad; de proyectos “low y high cost”. Proyectos, que ilusionen, que apasionen, y que nos devuelvan la fe. Proyectos por los que merezcan la pena comprometerse y apostar.
Tal vez, así con el esfuerzo y trabajo de todos y, sin que los Herodes de turno (las instituciones públicas, gobiernos e instituciones financieras) entorpezcan mucho, seamos capaces de darle un giro a éste 2.012 que acaba de empezar.

Puede ser, que deje este post, como carta a los Reyes. Tal vez ellos, puedan hacer algo…

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